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Pronunciamiento del Comité Asesor Técnico en Hidrometeorología y Ríos


La tasa del crecimiento urbano que a lo largo de los últimos 25 años se ha dado en el país, ha sido mucho mayor que la tasa de mantenimiento, ampliación, mejoramiento y crecimiento de la infraestructura pluvial con que cuentan los municipios. Ello significa que el período de recurrencia para el cual fueron diseñadas las obras hidráulicas de drenaje o conducción de las aguas pluviales se ha sobrepasado, por lo que su vida útil ha sido excedida.

Las condiciones de flujo en los sistemas de alcantarillado pluvial presentan, además, el agravante de que en ellos también se disponen los desechos sólidos y líquidos urbanos e industriales que no fueron considerados en los diseños, y que no deberían ir a los cuerpos de agua, como se hace en la actualidad.  El objetivo de la estructura se desvirtúa, pues las obras del alcantarillado pluvial se diseñaron y se construyeron con el fin único y específico de evacuar las aguas de lluvia, y actualmente se están utilizando con otros fines; como por ejemplo, conducir las aguas servidas.

Adicionalmente, las mejoras y ampliaciones de los alcantarillados pluviales se han dado bajo el concepto tradicional del saneamiento urbano, el cual consiste en una serie de acciones orientadas a la evacuación rápida de las aguas pluviales.  Esta visión mecanicista de la circulación del agua urbana, no sólo ha sido insuficiente para manejar los crecientes volúmenes de escorrentía urbana, sino que, además, es inaceptable en la actualidad, ya que el desarrollo de infraestructura se debe llevar a cabo respetando el medio ambiente y la legislación vigente (Ley Orgánica del Ambiente, Ley Forestal, Ley de Aguas, Ley de Planificación Urbana, Reglamento de Vertidos y Reúso de Aguas Residuales, entre otras).

La problemática que en este momento se presenta en prácticamente todos los cantones del país, es que gracias a los avances tecnológicos con que hoy en día cuenta la industria de la construcción, se ha generado una rápida expansión de la frontera urbana y una fuerte presión sobre la ocupación del espacio urbano, sin que esta expansión responda a una planificación ordenada y congruente con las características biofísicas y climáticas del territorio.

Adicionalmente, el desarrollo espontáneo de los sectores urbanos marginales incrementa la dificultad de llevar a cabo un desarrollo urbano ordenado y de controlar los procesos de crecimiento urbano,  principalmente con la ocupación de las áreas de protección establecidas en la Ley Forestal 7575, de laderas inestables y de las áreas de recarga de la cuencas hidrográficas urbanas.

El uso urbano de la tierra genera cambios importantes en el patrón de la escorrentía superficial y subterránea.  Si en un área de drenaje predomina el uso de la tierra con cobertura vegetal, los procesos de intercepción e infiltración harán que se dé un mayor almacenamiento, aumentando los tiempos de retención que hacen  que la respuesta hidrológica de la cuenca sea lenta y se recarguen los acuíferos.  Este régimen hidrológico equilibrado tiende a atenuar las condiciones extremas, manteniendo el caudal de estiaje alto y la escorrentía de la época húmeda baja.  Asimismo, si las márgenes de los ríos han sido protegidas y no  utilizadas  para el desarrollo urbano, existe espacio durante crecientes para que se incremente el área de la sección transversal del flujo, dándole a los cauces su planicie de inundación natural, con lo cual los niveles esperados del agua se extenderían en planicies aluviales con velocidades de flujo que tienden a ser a ser bajas, pues contarían con la sección transversal adecuada para mayores periodos de recurrencia.

Cuando el uso de la tierra sobre un área de drenaje es predominantemente urbano, la respuesta hidrológica de la cuenca se acelera, minimizando los procesos de intercepción e infiltración y almacenamiento, dado que el sistema de alcantarillado pluvial se diseña para evacuar las aguas lo más rápidamente posible. Esto da como resultado un desequilibrio en el patrón de la escorrentía y, por lo tanto, en el balance hídrico de las cuencas.

 

Esta comparación entre los patrones de escorrentía correspondientes al uso de la tierra con cobertura vegetal y al uso de la tierra con cobertura urbana, se muestra en la figura 1, en la cual se puede observar gráficamente la diferencia entre ambos:

 

 

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Dentro de este contexto, los problemas de drenaje urbano se comienzan a tener en cuenta solamente cuando empiezan a manifestarse y, ante la celeridad con que deben atenderse, las obras de infraestructura que se construyen, por lo general, resuelven el problema sólo parcialmente y durante un breve período de tiempo.

 

El problema radica en que la principal preocupación en el diseño y concepción de las nuevas obras de infraestructura es que el sistema del alcantarillado pluvial, con sus  ampliaciones y mejoras, asegure el drenaje pluvial eficiente de las zonas donde se están presentando problemas de drenaje urbano, sin considerar el impacto del incremento en caudal y volumen hacia aguas abajo y los efectos que la variabilidad climática y el cambio climático, con estaciones lluviosas más fuertes de lo normal moduladas por fenómenos más recurrentes como El Niño La Niña y el incremento de la intensidad de los huracanes y tormentas tropicales pueden llegar a tener sobre los sistemas de drenaje pluvial y sobre los cuerpos colectores.  Una de las principales características causantes del descontrol en el manejo de la escorrentía superficial, que se observa en la mayoría de las ciudades, es que quien impermeabiliza no sufre las consecuencias del incremento de la escorrentía superficial.  Los efectos hidrológicos del incremento de caudal y volumen de la escorrentía superficial, debido a la impermeabilización producida por los desarrollos urbanos no planificados, se manifiestan aguas abajo de los puntos de desfogue de drenaje pluvial. El manejo de la escorrentía urbana está sufriendo un cambio filosófico importante.  Se está empezando a dar énfasis a detener o almacenar el volumen de precipitación donde éste cae, lo cual puede producir inconvenientes localizados en el corto plazo.

 

Cuando las municipalidades no pueden llevar un adecuado control sobre los procesos de desarrollo urbano basados en planes reguladores o planes de ordenamiento territorial cantonales, o cuando no pueden realizar ampliaciones y mejoras al alcantarillado pluvial con la misma celeridad con la que se lleva a cabo el desarrollo urbano, la ocurrencia de inundaciones urbanas se incrementa con pérdidas sociales y económicas para toda la comunidad.

 

A medida que las ciudades crecen, aunado al aumento de la densidad poblacional, se incrementan las consecuencias de un desarrollo urbano que no responde a un proceso ordenado de planificación, producto de un ordenamiento territorial urbano y rural con un enfoque integral de cuenca hidrográfica y que toma en cuenta los impactos del cambio climático.  Desafortunadamente, una vez que el espacio ha sido completamente ocupado, las soluciones factibles resultan costosas y técnicamente muy complejas.  Actualmente, como medida paliativa, los gobiernos locales han comenzado a exigir a los nuevos desarrollos de infraestructura, sistemas propios para el manejo del incremento de la escorrentía superficial que estos desarrollos van a generar.  Sin embargo, los sistemas de amortiguamiento carecen de normativa, y el país no cuenta con una política que guíe y oriente el manejo de la escorrentía urbana.

 

En síntesis, es necesario que las municipalidades incluyan en su desarrollo la variable de gestión local del riesgo, considerando no solo la división política administrativa que limita sus jurisdicciones, sino también la articulación e integración con otras municipalidades, incorporando el enfoque integral de cuencas hidrográficas compartidas entre dos o más municipios y su régimen hidrológico. El cumplimiento de la normativa vigente, como la Ley de Planificación Urbana y la Ley Orgánica del Ambiente en su artículo No. 28,  mediante la vinculación de los planes reguladores con planes de ordenamiento territorial cantonales -integrados intercantonalmente- debe ser vinculante y fiscalizado a nivel nacional. En muchos casos, los desequilibrios hidrológicos son producidos por el desarrollo en las cuencas fuera del cantón afectado por las inundaciones, por lo que se requiere tomar acciones integradas y articuladas entre municipalidades con enfoque de cuenca hidrográfica.

 

San José, agosto de 2010

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